Sábado. Desayuno con churros y después visita turística empezando por un paseo caminando por encima de la muralla que rodea la ciudad y desde la que hay una preciosa panorámica. Después a callejear por la zona interior, con calles adoquinadas, edificios de piedra y muy monumental. Ya me habían avisado nuestros anfitriones pero aún así me ha sorprendido Ciudad Rodrigo, es muy bonita. Y cómo se tapea madre mía: morros, barbada, lomo, pinchitos, jeta y un largo etcétera de casquería, carnes y embutidos de alta calidad, todo a muy buen precio y servido con gran amabilidad. Para esa noche Pilar y Fran habían reservado en un restaurante un cordero lechal y algunos entrecotes. El cordero nos dejó maravillados a todos, espectacular. Veinte minutos después de que todos hubieran acabado yo seguía devorando cordero y con los huesos que había en mi plato casi se hubiera podido recomponer un esqueleto al completo. Luego vinieron las copas y los bailes en una noche en la que nos reímos muchísimo.
El domingo tocó visita al interior de la catedral guiados por Ana, prima de Fran y que es la guía oficial, que nos deleitó con sus explicaciones en un tour solo para nuestro grupo y en el que nos contó toda su historia y un sin fin de curiosidades que encierra esta preciosa catedral. Después unos aperitivos para no faltar a la costumbre, comida en casa y un poco de relax.
Me ha encantado Miróbriga Augusta (nombre romano de Ciudad Rodrigo y de complicada pronunciación según la hora del día). A destacar el precioso y monumental casco antiguo, el río Águeda, grande y limpio, que bordea la ciudad y que atenúa los calores del verano castellano y donde la gente pasa el día al fresquito en los sombríos jardines que hay en su ribera y por último su gastronomía, el variado y suculento tapeo a muy buen precio y sus carnes de gran calidad.
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